miércoles, 20 de julio de 2016

QUERIDO HUMANO: ENTENDISTE TODO MAL - Courtney Walsh

QUERIDO HUMANO: ENTENDISTE TODO MAL



No viniste aquí para perfeccionar el amor incondicional. 
De allá es de dónde vienes y allá es a donde volverás.
Viniste aquí para aprender:
El amor personal. 
El amor universal. 
El amor complicado. 
El amor transpirado.
El amor alocado. 
El amor fragmentado. 
El amor entero. 
El amor inspirado en la divinidad. 
El amor tropezado. 
El amor demostrado por la belleza de echarlo a perder frecuentemente.

No viniste aquí para ser perfecto. Ya lo eras.

Viniste acá para ser hermosamente humano.

Defectuoso y fabuloso.
Para luego elevarte de nuevo y quedar solo como un recuerdo.

¿Pero el amor incondicional?
Córtala con ese cuento. 
El amor, en verdad, no necesita ningún otro adjetivo.
No requiere modificadores. 
No requiere perfección. 
Sólo pide que te muestres. 
Y que hagas lo mejor que puedas.
Que estés presente y te sientas lleno. 
Que brilles, que vueles, que te rías, que llores, que te lastimes, que te cures, que te caigas, que te levantes, que juegues, que trabajes, que vivas, que mueras, siempre a tu manera. Eso es bastante y es suficiente.

 Courtney Walsh

sábado, 9 de julio de 2016

Feliz 200 Años de Independencia, compatriotas argentinos! - 9 - 7 - 1816 -- 2016

Casa deTucumán, donde se declaró la Independencia 
 
ODA ESCRITA EN 1966
 Para el Sesquicentenario de la Independencia Argentina

Autor: Jorge Luis Borges

Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.

Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.

La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.

Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.

Congresales y la lectura del Acta de la Independencia