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El estadounidense Luke Aikins se conviritó en la primera persona en saltar desde una altura de 7.620 metros sin paracaídas y aterrizar sano y salvo en una red de seguridad.
Aikins, un veterano paracaidista que ha realizado más de18.000 saltos, logró caer en todo el centro de una red de protección de 30 x 30 metros extendida en Simi Valley, sur de California.
Durante la caída libre de dos minutos, que fue trasmitida en vivo por el canal Fox de televisión, el temerario paracaidista alcanzó unavelocidad de 193 km/h.
En medio de los aplausos y vítores, Aikins se levantó de la red y abrazó a su esposa y joven hijo.
"Estoy casi levitando, es increíble", declaró después del salto, el sábado.
"¡La cosa simplemente sucedió! Ni siquiera puedo articular mis palabras", dijo, confesando que había estadonervioso antes del salto.
También reconoció que estuvo a punto de cancelar la proeza porque le habían ordenado a llevar un paracaídas en caso de emergencia, lo que hubiera hecho elaterrizaje más peligroso debido al peso adicional.
Sin embargo, los organizadores levantaron esa condición unos minutos antes del salto.
En el momento en que se lanzó,tres colegas con paracaídas lo acompañaron.
Uno que filmaba con una cámara, otro que sostenía una antorcha de humo para que el público pudiera seguir el descenso y otro que le recibió un tanque de oxígeno cuando llegaron a una altura en que ya no lo necesitaba.
Poco después, los tres abrieron sus paracaídas y dejaron que Aikins cayera solo en picada.
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Planeó con el cuerpo hacia una red que estaba suspendida sobre el piso e iluminada para que pudiera servirle de guía, se dio la vuelta en el aire y cayó de espaldas en todo el centro.
Aikins, quien es un asesor de entrenamiento y seguridad para la Asociación de Paracaidismo de EE.UU., dijo que un amigo fue quien le dio la idea para el salto.
Rechazó la idea, al comienzo, pero unas semanas después decidió hacerlo y empezó unapreparación de dos años.
"El salto de Aikins representa la culminación de una carrera de 26 años que impone unrécord mundialpersonal para el salto más alto sin paracaídas o traje de alas", dijo su portavoz Justin Aclin.
"¡Qué
rico hueles, mi vida!"
"¡Qué perfumada, mi amor!"
Éramos recién casados.
Fueron frases de rigor.
Después
del baño él olía
a Yardley o qué sé yo,
mientras yo me perfumaba
con frascos de Christian Dior.
Pero hoy...
¡Qué diferencia!
Él huele a ungüentos, y yo
a la Pomada del Tigre,
que me pongo al por mayor.
¡Cómo han cambiado los tiempos
de cuando él me conoció!
Antiguamente lucían
encima de mi buró
una rosa, su retrato,
un perfume y un reloj.
¿Ahora? Un frasco de aspirinas;
el ungüento de rigor y el omeprazol;
unas vendas; mis anteojos;
las píldoras de alcanfor;
la jeringa, la ampolleta,
el algodón y el alcohol.
Y en su buró,
amontonados
para que quepan mejor,
un vaso para sus "puentes";
el frasco de la fricción;
un libro abierto;
sus lentes;
jarabe para la tos;
y agua para el eutirox, la aspirina
por si nos viene un dolor...
Sin embargo no añoramos
"lo que el viento se llevó".
Recordamos lo que fuimos,
y vivimos nuestro hoy.
En las mañanas, sin prisas,
siempre la misma canción:
"¿Cómo dormiste, mi cielo?"
"Un dolor me despertó"...
"¿Cómo te sientes, mi vida?"
"Hoy tengo fuerte el dolor".
Y por las
noches, acaso
recordando algo mejor,
oliendo a salicilato,
a pomadas y a inyección,
repetimos lo de siempre,
lo mismo de ayer y hoy:
"Que
duermas muy bien, mi vida".
"Que duermas muy bien, mi amor".
Rezamos un Padre Nuestro,
y damos gracias a Dios…