jueves, 31 de octubre de 2013

ES NECESARIO VOLVER A ESCUCHAR LA NATURALEZA



ES NECESARIO VOLVER A ESCUCHAR LA NATURALEZA

 Ahora que vivimos entre grandes lluvias, inundaciones, temporales, huracanes, tsunamis, terremotos y deslizamientos de tierras, tenemos que reaprender a escuchar a la naturaleza.

 Toda nuestra cultura occidental, de vertiente griega, está asentada sobre el ver. No sin razón la categoría central –idéia (eidos en griego)– significa visión. La tele-visión es su expresión mayor. Hemos desarrollado nuestra visión hasta los últimos límites.

 Con los telescopios de gran potencia hemos penetrado hasta las profundidades del universo para ver las galaxias más distantes. Hemos descendido hasta las partículas elementales y el misterio íntimo de la vida. Mirar es todo para nosotros. Pero debemos tomar conciencia de que este es el modo de ser de los occidentales y no el de todos.

 Otras culturas próximas a nosotros, las andinas de los quechuas, los aymaras y otros se estructuran alrededor del escuchar. Lógicamente también ven, pero su particularidad es escuchar los mensajes de aquello que ven. Un campesino del altiplano boliviano me dijo: «yo escucho la naturaleza y sé lo que me dice la montaña». Y hablando con un chamán me decía: «yo escucho a la Pachamama y sé lo que ella me está comunicando». 

 Todo habla: las estrellas, el sol, la luna, las montañas soberbias, los lagos serenos, los valles profundos, las nubes fugaces, las selvas, los pájaros y los animales. Esas personas aprenden a escuchar atentamente estas voces. Los libros no son importantes para ellos porque son mudos, mientras que la naturaleza está llena de voces. Y se han especializado en esta escucha de tal forma que, al ver las nubes, al escuchar los vientos, al observar las llamas o los movimientos de las hormigas, saben lo que va a suceder en la naturaleza. 


 
Esto me recuerda una antigua tradición teológica elaborada por san Agustín y sistematizada por san Buenaventura en la Edad Media: la revelación divina primera es la voz de la naturaleza, el verdadero libro hablante de Dios. Pero como hemos perdido nuestra capacidad de oír, Dios, por piedad, nos dio un segundo libro, que es la Biblia, para que escuchando sus contenidos pudiésemos oír nuevamente lo que la naturaleza nos dice.

 
Cuando Francisco Pizarro en 1532 en Cajamarca, mediante una emboscada traicionera, hizo prisionero al jefe inca Atahualpa, ordenó al fraile dominico Vicente Valverde que con su intérprete Felipillo le leyese el requerimiento, un texto en latín por el cual se dejaban bautizar y se sometían a los soberanos españoles, pues el papa así lo había dispuesto. Si no lo hacían, podían ser esclavizados por desobediencia. Atahualpa le preguntó que de dónde le venía la autoridad. Valverde le entregó el libro de la Biblia. Atahualpa se lo puso al oído. Como no escuchó nada, tiró la Biblia al suelo. Fue la señal para que Pizarro masacrase a toda la guardia real y aprisionase al soberano inca. Vemos, pues, que la escucha lo era todo para Atahualpa. 
El libro de la Biblia no hablaba nada.

 
Para la cultura andina todo se estructura dentro de un tejido de relaciones vivas, cargadas de sentido y de mensajes. Perciben el hilo que penetra, unifica y da significado a todo. Nosotros los occidentales vemos los árboles pero no percibimos el bosque. Las cosas están aisladas unas de otras. Son mudas. Hablar es sólo cosa nuestra. Captamos las cosas fuera del conjunto de relaciones, por eso nuestro lenguaje es formal y frío. 

 
Los andinos nos ayudan a relativizar nuestro pretendido «universalismo». Podemos expresar los mensajes mediante otras formas relacionales e incluyentes y no por aquellas objetivas y mudas a las que estamos acostumbrados. Ellos nos desafían a escuchar los mensajes que nos vienen de todos lados. 

 En estos días debemos escuchar lo que las nubes negras, los bosques de las laderas de las montañas, los ríos que crecen y rompen barreras, las pendientes abruptas y las rocas sueltas nos advierten. 

 Las ciencias de la naturaleza nos ayudan en esta escucha. Pero no es nuestro hábito cultural captar las advertencias de aquello que vemos y entonces nuestra sordera nos hace víctimas de desastres que hay que lamentar.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Las Montañas Rocosas canadienses - Video






Las Montañas Rocosas canadienses (en inglés, Canadian Rockies; en francés, Rocheuses canadiennes) es una cordillera localizada en Norteamérica, el sector de las montañas Rocosas que se encuentra en Canadá, discurriendo por las provincias de Alberta y Columbia Británica. Una parte de este sector también corre por la parte norte de los estados de Idaho y Montana. El extremo norte de las rocosas canadienses está en la llanura del río Liard, en la Columbia Británica. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/

Canada es uno de los países que más cuida su naturaleza y estos maravillosos lugares, las Rocosas Canadienses son los mejores representantes, con una belleza incomparable y un ambiente puro y limpio, donde se puede apreciar la naturaleza en todo su esplendor.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Canción "LOS NIÑOS de SIRIA" ... Muuuy emotiva.... SUBTÍTULOS ESPAÑOL



ASÍ CUENTAN,CANTANDO,LOS NIÑOS DE SIRIA,LO QUE SUFREN A CAUSA DE LA GUERRA, HAY LÁGRIMAS, MIEDO Y TRISTEZA EN SUS OJOS, YO ME PREGUNTO:¿PARA QUE ESTAN LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES QUE PROTEGEN LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS?

domingo, 25 de agosto de 2013

PLANETA HUMANO - VIDEO



Este video y la reseña es de:
http://www.bbc.co.uk/humanplanet

Planeta Humano es un impresionante serie histórica que nos maravilla por la increíble relación de la humanidad con la naturaleza en el mundo de hoy. En el reino animal, los seres humanos han sabido adaptarse y prosperar en todos los ambientes de la Tierra. Cada episodio nos lleva a los extremos de nuestro planeta: el Ártico, montañas, océanos, selvas, praderas, desiertos, ríos e incluso la jungla urbana. Aquí te encontrarás con personas que sobreviven mediante la construcción de relaciones complejas, interesantes y a menudo mutuamente beneficiosas con sus vecinos los animales y los elementos hostiles del mundo natural. Equipos de Planet Humanos han filmado en unas 80 localidades muchas historias que nunca han sido contadas en televisión antes. El equipo ha caminado con cámaras de alta definición y el estado del equipo del arte de filmar desde el aire, de la tierra y bajo el agua. El resultado: una "experiencia cinematográfica", creado por la historia natural mundial y los camarógrafos de documentales que son los responsables del programa.

martes, 30 de julio de 2013

LA LUNA LLENA NOS QUITA EL SUEÑO



Como si de un efecto mágico y 'oscuro' se tratara, parece que la luna, cuando está en su fase llena, atrapa el sueño de los humanos. Al menos en parte. Un equipo de investigadores de la Universidad de Basilea en Suiza ha observado que durante las noches de plenilunio, a los hombres les cuesta más tiempo conciliar el sueño, duermen menos y peor. Dicen que despierta a las fieras, los lobos aúllan más, altera los estados de ánimo de las personas, aviva sus instintos más básicos, las atenciones en Urgencias aumentan... Desde tiempos ancestrales, a la luna se le ha otorgado el don de la fertilidad, el de influir sobre las mareas, sobre el comportamiento de los animales y de los hombres. La relación entre la luna y el hombre ha sido y sigue siendo un misterio plagado de mitos y leyendas. Una de las creencias más extendidas tiene que ver con la conexión entre este satélite y el sueño del ser humano. 

Para comprobar hasta qué punto están unidos,
 un grupo de expertos ha realizado un experimento con 33 personas. "Mucha gente se queja de dormir peor los días de luna llena", explican los autores de este estudio retrospectivo, publicado en la revista 'Current Biology'.
 "Tenemos la hipótesis de que las personas que duermen peor en periodos de luna llena es porque están expuestas a más luz ambiental (procedente de la luna en esta fase)", argumenta Francisco Javier Puertas, especialista en la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia. "En la retina hay unas células que detectan la luz, sobre todo la blanca (como la de la luna). Estas células están conectadas al núcleo nucleo supraquiasmatico, que es el reloj biológico, de tal forma que la presencia de luz inhibe la secreción de melatonina y por la noche, la secreción de esta sustancia es indicador de buen sueño". Sin embargo, esta investigación se centra en el sueño de los participantes en un ambiente controlado, en el laboratorio, donde los humanos desconocen las fases lunares. Los científicos monitorizaban su actividad cerebral (a través del electroencefalograma), observaban los movimientos oculares y medían las secreciones hormonales. Después de repetir los experimentos y comprobar varias veces las mediciones, "nos dimos cuenta de que, efectivamente, los humanos responden a los ritmos geofísicos de la luna", afirma Christian Cajochen, principal autor de la investigación y psiquiatra del Hospital de la Universidad de Basilea (Suiza). Según los resultados obtenidos, durante las noches de luna llena, la actividad cerebral relacionada con el sueño profundo se redujo en un 30%. Además, los participantes "tardaron en quedarse dormidos cinco minutos más que en otras fases lunares y el sueño terminó 20 minutos antes". No sólo eso, también tenían la sensación de que su sueño en luna llena había sido peor, menos reparador. "Sus niveles de melatonina (una hormona que está relacionada con la regulación de los ciclos del sueño y la vigilia) eran más bajos". Estos hallazgos, subraya Cajochen, "constituyen la primera evidencia convincente de que los ciclos lunares pueden modular el sueño en humanos incluso cuando no ven la luna [como ocurre en este experimento] y no tiene conocimiento de la fase lunar real". Es, dice, ni más ni menos que "herencia de un pasado en el que la luna podría haber sincronizado los comportamientos humanos con fines reproductivos o de otro tipo, como también ocurre en animales". "Han pasado miles de años y, de alguna forma, ha quedado en nuestra genética el ciclo lunar grabado en nuestro ritmo del sueño. Así, como dicen los autores de este estudio, siete de cada 28 días (ciclo lunar) dormimos peor (por el influjo de la luna)", concluye el especialista español al comentar el estudio suizo. En la actualidad, agregan los autores de la investigación, el efecto de la luna podría quedar ensombrecido por la luz eléctrica que ilumina las casas y las calles por la noche y otros aspectos de la vida moderna que también incluyen en la calidad del sueño (como los trabajos a turnos). Es importante "seguir avanzando e indagar en las bases moleculares y neuronales que subyacen en la alteración del sueño producido, en teoría, por los efectos geomagnéticos y electromagnéticos de la luna". Haría que estudiar, además, "el efecto lunar sobre otros aspectos como el rendimiento cognitivo y el estado de ánimo".

miércoles, 10 de julio de 2013

El Último Cazador (Película completa español)


 El último cazador (2004) Argumento: Norman es uno de los últimos tramperos del Yukón (Canadá), vive en contacto y con el mas absoluto respeto por la naturaleza. Un día, su mejor perro (también su mejor amigo) Nanouk muere tras un accidente en la ciudad, y tiene que ser sustituido por una joven y tímida Husky Siberiena llamada Apache, pero debido a su gran inexperiencia, Norman cree que Apache es incapaz de vivir en lo salvaje, pero aún así decide darle una oportunidad. - País: Francia y Canadá - Género: Película - Documental. - Director: Nicolas Vanier.
 Fuente del video y el texto: Clipfilmable - You Tube

martes, 25 de junio de 2013

Un tropiezo - Cuento - Mamerto Menapace


Un tropiezo

por Mamerto Menapace, publicado en Cuentos Rodados, 
Editorial Patria Grande 

 El Chaco ardía en el algodonal. Mediaba enero, y Ciriaco se había levantado muy temprano a fin de aprovechar el fresco de la mañana para pegar la última carpida al tabloncito de algodón que tenía en un claro del monte, como a siete cuadras de las casa. Comenzaban ya a preñarse los capullos tratando de reventar en una mano abierta que regalaba la blanca fibra. Serían cerca de las once de la mañana. Estaba con la azada en la mano desde las cinco, y ahora el cansancio se desparramaba por su cuerpo lo mismo que el sudor que lo deshidrataba dejándole huellitas de sal al secarse. Tenía sed y esperaba llegar cuando antes a su rancho para refrescarse bajo el chorro de agua de la bomba y beber después despacio y a sorbos lentos. Conocía los peligros del agua fresca para el que la bebe con ansia y con el cuerpo recalentado por las faenas del campo. Decidió acortar el camino. En lugar de hacerlo por la huella que bordeaba un rastrojo viejo lleno de malezas, lo cortó derecho por entre los yuyos altos y la gramilla espesa. Con la azada al hombro, y arrastrando a medias sus viejas alpargatas, trataba de avanzar por entre el malezal donde el año anterior había tenido la chacra. Iba distraído de lo que hacía y concentrado en lo que le esperaba. Ni tiempo tuvo de darse cuenta, cuando sus pies tropezaron en un gran bulto que estaba escondido entre el pastizal. No hubo manera de evitar la costalada. Instintivamente arrojó a un lado la azada, para no lastimarse con ella, y dejó que el cuerpo cayera lo más flojo posible, para evitar quebraduras. Se dio un tremendo golpe que apenas si lograron mitigar las ramas del yuyo colorado que lo recibió, junto con algunas rosetas traicioneras. Desde adentro le nació la necesidad de desahogarse con una maldición. ¡Lo que le faltaba al día! Pero se contuvo. Si había tropezado, con algo sería. ¿Y si aquello fuera una sandía? Se puso de pie, y recogiendo la azada, fue despejando el lugar donde terminaban las huellas de sus pisadas y comenzaba la de su cuerpo. Y efectivamente, allí entre la gramilla alta y los yuyos frondosos, estaba una hermosa sandía con la guía medio seca. Pesaba como veinte kilos. Seguramente alguna semilla de la cosecha anterior había germinado entre el rastrojo, y ahora le ofrecía su fruto de la única manera que tenía: poniéndoselo delante de sus pies. A pesar del cansancio, del calor, y de su cuerpo dolorido por la caída, cargó con cariño la sandía sobre sus hombros y con cuidado completó la distancia que lo separaba de su rancho. Y mientras de antemano saboreaba la sorpresa que le daría a su patrona, se iba diciendo a sí mismo: -¡No hay tropiezo que no tenga su parte aprovechable!

 Anthony de Mello S.J. cuenta en la página 205 de su libro El Canto del Pájaro: "Desde lo alto de un cocotero, un mono arrojó un coco sobre la cabeza de un sabio. El hombre lo recogió, bebió su dulce jugo, comió la pulpa y se hizo una taza con la cáscara. 
-Gracias por criticarme". Les añado un comentario mío. Yo no juzgo la intención del mono. Soy de otra raza. Pero admiro la actitud del sabio.


 Mamerto Menapace